lunes, 20 de diciembre de 2010

lunes, 13 de diciembre de 2010

LAGUNAS MANJAVACAS-LA VEGUILLA


El pasado lunes 6/12/2010 nos acercamos Luis Cabrejas y un servidor a las lagunas de LA Mancha, y en concreto, a las de La Veguilla y Manjavacas. Salimos a las 8:40 am de Madrid, y a las 10:15 ya estabams metidos en harina con esto de las aves.
En lo meteorológico, la lluvia se quedó en el camino (estuvo jarreando todo el camino de ida, hasta poco antes de alcanzar el destino). Disfrutamos de una mañana casi despejada, con abundante sol y sin una gota de lluvia. La temperatura era ideal para estar junto a la laguna, y observar tranquilamente las aves que se dejaran ver.

Mucho cuchara y friso, y, abundante, pero en menor medida, el azulón y la cerceta común (esta última acantonada en una de las orillas fangosas que se veía al fondo). Bastantes flamencos de todas las edades; muchas fochas agrupadas en bandos, y entre las espadañas y masiegas, las pollas de agua pululaban con sus singulares sonidos.


El ruiseñor bastardo acompañó toda la jornada con sus explosivos cantos (aunque menos contundentes que en los sotos), al igual que el petirrojo, y algún que otro bando de gorriones se dejó ver por las matas de alrededor. Un mosquitero común salió a la vista, y varios se dejaron oír en La Veguilla, y las lavanderas blancas no dejaron de surcar el aire con sus silbidos. Las tarabillas comunes, poco vergonzosas ellas, aparecieron en lo alto de los postes del vallado y de los tarayes, y los bisbitas comunes (y alguno ribereño-alpino) a todas horas dando el salto desde la mata al cielo piando, para entrar estrepitosamente de nuevo al suelo. Otras aves que nos compañaron fueron las urracas, las palomas torcaces y bravías (algunas “salvajes” y otras frutos de los diversos cruces efectuados con esta especie), grajillas, estorninos (algunos negros y algunos pintos), cornejas negras, jilgueros y otros pequeños paseriformes. A destacar una curruca rabilarga ratoneando por el saladar, y algún zorzal, que vio Luis.

Volviendo a las acuáticas, fijándonos bien por entre la muchedumbre de cucharas y frisos, encontramos algunos silbones (machos y membras), y – para mí muy gratificantes, por ser los primeros que veo – unos cuantos ánades rabudos (machos y hembras en diferentes estados de muda). Por entre los patos, zampullines chicos, cigüeñuelas, alguna que otra avoceta, y unos pocos correlimos comunes y de otras especies que no pudimos identificar con claridad en aquel sitio (estaban lejos y o paraban quietos). Al fondo, junto a las cercetas comunes, un grupillo de ansares comunes, y más cerca, uno muy majete de tarros blancos.


Las avefrías se agruparon en el lodazal de las cercetas, y junto a ellas se atisbaban otra limícolas, pero, otra vez, demasiado lejanas para ser identificadas con precisión. Las gaviotas no dejaron de pasar de un lado a otro por el aire, y algunas entraron a la lámina de agua (sombrías y reidoras), y las cigüeñas, que se encontraban agrupadas en algunos regatos de los alrededores, comenzaron a volar.

Impresionante la cantidad de aguiluchos laguneros que había circundando la laguna en sus vuelos aparentemente erráticos y bamboleantes, pero tremendamente precisos (haciendose “los suecos” pero sabiendo muy bien de que va todo y por dónde iban los tiros). De cuando en cuando, al salir repentinamente por detrás del masegar, alborotaban a las otras aves del lugar. Sólo los flamencos y los ansares permanecían impasibles a la rapaz.

Luis observó uno de los espectáculos más pintorescos que nos brindó el día: un lagunero “despistado” de pronto se tiró al agua y se posó en toda la laguna; comenzó a picotear lo que tuviera entre las garras (seguramente un pez), y se estuvo así un buen rato. La pena es que se le escapara la presa, y no pudiéramos ver cómo salía el ave con el trofeo entre las uñas.

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Un par de garzas reales o tres salieron al vuelo entrada la mañana, y nos deleitaron con vuelos bajos por la laguna. Anteriormente, de camino, vimos también una garceta común.
La nota desagradable del dia fueron tres cigüeñas blancas muertas en la lamina de agua, dejamos aviso a los de Medio Ambiente de esta situación.


Echamos de menos a las anátidas buceadoras, que se quedaron todas en el tintero. Nos quedamos con las ganas de ver a los porrones (moñudo, común, pardo) y patos colorados. Posiblemente, si hubiéramos prospectado más La Veguilla, los hubiéramos sacado, pero teníamos pendiente Manjavacas, así que decidimos marchar.

Con buen sabor de boca, sin duda, cogimos el coche y nos dirigimos hacia Cuenca, para visitar la Laguna de Manjavacas. De camino, vimos algunos cernícalos vulgares y un ratonero posado en el tejado de una casa junto a la carretera, que nos miró con asombro mientras nosotros la observamos con interés. Salimos de la carretera para acceder a las inmediaciones de la laguna. Nos paramos a ver un bando de estorninos (algunos pintos y otros negros).

En la laguna, mucho cuchara y gaviota reidora (alguna sombría), y muchas cornejas negras. El tiempo comenzó a cambiar entonces. El viento comenzó a soplar con fuerza, y el cielo comenzó a cubrirse con nubes. En este punto tuvimos un pequeño y doloroso percance. Mientra enfocaba el telescopio, Luis fue víctima del aguijonazo de una avispa. Se le hinchó bastante la mano, así que decidimos ir al pueblo a que le pusieran una inyección para la hichazón. De vuelta, nos movimos de sitio y nos fuimos a un lugar donde había una concentrción de cercetas comunes comiendo en un lodazal. Junto a ellas, algunos ansares comunes y flamencos.

Aquí comenzó el carrusel de limícolas. Con seguridad vimos combatientes, avefrías, abocetas, cigüeñuelas, correlimos común, correlimos menudo, muy probablemente correlimos de temminck (con el cuello y la parte superior de la zona pectoral gris, y prácticamente sin ceja), posiblemente algún chorlitejo patinegro. Lástima que tuviéramos el sol de cara, y con nubes. Las condiciones de visibilidad no eran las mejores para la determinación clara de las especies limícolas (las patas me parecieron oscuras para todas las especies, incluido el combatiente). Una curiosidad que pude ver fue lo que me pareció un correlimos zarapitín. Tenía el tamaño de un correlimos común, pero con el pico ostensiblemente curvado con concavidad hacia el suelo; obispillo blanco y ceja blanca muy prominente. Los correlimos chiquitines tenian dos patrones más o menos generales. Uno de ellos con la zona del cuello y pectoral sucio y con líneas de mancha poco definidos, y otro con mancha gris llena en esa zona, con marcada línea divisoria, que daba lugar a una entrada del claro ventral , tendiendo a rodear el cuello por el borde anterior del ala plegada. Nos parecieron correlimos menudos (los primeros) y correlimos de Temminck los segundos.


En vuelo (que tuve ocasión de verlos), algunos tenían la cola blanca con una franja oscura que la recorría de manera longitudinal en la zona central (típico de Temminck). Luis vio una posible archibebe, aunque no se pudo identificar con mayor detalle, porque enseguida se marchó lejos, donde el agua hacía las veces de espejo. Al que vimos de lujo fue a la agachadiza común, que entró, fruto del vuento, un tanto despendolada a nuestras espaldas, y se quedó posada a menos de 5 metros, junto a nosotros, antes de adentrarse con el bando mixto hacia el espejo acuático.

Agachadiza común (Gallinago gallinago)

Al fondo, en un campo de cultivo en barbecho, al paso de los aguiluchos laguneros, se levantaba siempre un grupo de limícolas algo menores que las avefrías, y siempre terminaban posándose en los terrones y surcos del labrantío. No conseguimos “entelescoparlos” en condiciones, y con los prismáticos... ya os podéis imaginar (estaban donde el otro se dejo el mechero, o más allá). Bien podían ser chorlitos (de alguna de las especies), pero... en el tintero se quedaron, como muchas de las limícolas de Manjavacas.

Sin duda, echamos mucho de menos a los grandes entendidos en el complicado y, a veces, confuso grupo de las limícolas, pero aún así, tuvimos mucha satisfacción con lo que la Naturaleza nos dejó ver.

Otro espectáculo aguardaba para el final. Por lo que pudimos observar, hay un dormidero grandecito de aguiluchos laguneros en Manjavacas. En cuanto el sol comenzó a decaer, aquello se llenó de laguneros, que entraban al masegar (y/o espadañar) a pasar la noche. LA primera concentración fue de 34 laguneros y un aguilucho pálido con muy mala gaita, por cierto, que se lió a la gresca con los laguneros. Yo calculo que más de cincuenta ejemplares deben dormir en esa zona, porque desde el momento en que recontamos el primer grupo que entró, no dejaron de acercarse más y más rapaces al sitio.


Las grullas se asomaron a ultimísima hora, y en poca cantidad no muchos más de 200 individuos (un bando de 64, otro de cincuenta y tantos, y algunos de 20 – 30 ejemplares). I mientras unos entraban con su trompeteo, otros se marchaban con la risa a otra parte, concretamente, a los sembrados de alrededor. Vimos los primeros bandos de azulones salir de la laguna para dirigirse hacia sus comederos nocturnos. Para cerrar, posados cerquita, en el alambre de la valla del recinto de la laguna, dos escribanos palustres se asomaron.


Concluimos la jornada a eso de las seis de la tarde, y a las 7:30 pm, llegamos a Madrid, y en palabras de Luis, nos lo encontramos como lo dejamos: jarreando agua de lo lindo. A mí personalmente me están enganchando estas lagunas, y volveremos a ellas. Practicaremos también por nuestros humedales serranos para coger soltura con las acuáticas.

Nathan.

domingo, 24 de octubre de 2010

VALSAIN, PASEO "DOMINGUERO"


Aun cuando se vaya a Valsain en plan "dominguero" como hicimos el sábado, este magnifico sitio a poco que nos fijemos nos permitirá disfrutar de las aves que viven en sus emblemáticos pinos y sus cristalinas aguas. Pico picapinos, Trepador azul, Carbonero común, Carbonero garrapinos, Arrendajo, Corneja negra, Agateador común, Herrerillo capuchino, Estornino pinto, Lavandera blanca, Lavandera cascadeña, Pinzón vulgar, Petirrojo y el rey de de las cristalinas aguas del Eresma: el Mirlo acuatico nos deleitaron con su presencia en un simple paseo "dominguero".
Pego a continuación unas fotos de algunas de las aves que vimos, fueron sacadas por mi hija Irene que con sus 13 años parece que le empieza a interesar este apasionante mundillo.

Carbonero garrapinos (Parus ater)

Herrerillo capuchino (Parus cristatus)

Lavandera boyera (Motacilla flava)

Trepador azul (Sitta europaea)


Fotos de Irene Cabrejas






martes, 5 de octubre de 2010

DIA DE LAS AVES 2010


Como todos los años a primeros de octubre hemos celebrado en la Casita del Príncipe de El Escorial el Día Mundial de las Aves, Ángel Pérez, Juan Carlos Álvarez, Luis Cabrejas, Roberto, Carlos Sunyer, Gonzalo, José Antonio López, Nathan Socorro, Nacho Velázquez, Javier Ortega, Federico Roviralta y Carlos Sanchez. Mañana soleada que ha propiciado la presencia de visitantes.
Hemos instalado las mesas de información, regalo de folletos, revistas y pegatinas para los más menudos y alguna que otra venta, 3 redes japonesas para anillamiento y una pequeña excursión por el interior del recinto y un puesto de observación. Las especies anilladas han sido el verdecillo (un macho de primer invierno), dos picogordos (macho y hembra), los jilgueros (al menos una hembra y un primer invierno), dos o tres currucas capirotadas, todos machos, un petirrojo, un arrendajo que ha hecho las delicias del público, varios mirlos, un agateador común, varios papamoscas cerrojillos, un par de carboneros comunes y un herrerillo común.
Aparte, de lo observado nos ha surgido algunas águilas calzadas, bastantes cornejas, varias urracas, trepadores azules, picos picapinos y algún pito real, dos escribanos soteños regañándose entre sí, palomas torcaces, estorninos negros, vencejo palido, dauricas, avion comun y roquero por el monasterio, 1 ratonero comun, milano real, buitres leonados (3), cormoran grande, mochuelo, pinzon vulgar, mosquiteros sp.y las residentes ardillas rojas, así de memoria. Fnalmente hemos recogido los bártulos a eso de las 2 de la tarde con las consiguientes despedidas.





lunes, 6 de septiembre de 2010

LAGUNAS MANCHEGAS

LOS CINCO EN LA MANCHA

No amigos, no penséis que por el título se trata de uno de aquellos relatos de la literatura juvenil de la escritora inglesa Enid Blyton, pero cierto es que esa mañana fuimos cinco hombres desde Madrid ciudad y su sierra a visitar el siempre sugerente campo manchego. Más concretamente a descubrir las aves de La Mancha húmeda.

El sábado 4 de septiembre de 2010, a eso de las 6 de la mañana, partimos de Madrid Nathan Socorro y Carlos Sánchez en el auto de aquel con el fin de desplazarnos hasta la población de Alcázar de San Juan, en la provincia de Ciudad Real, en donde habíamos quedado con otros tres amigos que llegarían desde diversos puntos de la sierra; Honorio Iglesias, desde la provincia de Segovia, Luis Cabrejas desde San Lorenzo de El Escorial y Ramón Lacruz desde Majadahonda, con su flamante todoterreno plateado. La mañana se presentaba fresca, con muy ligera brisa pero nada desagradable. En principio se nos uniría Gonzalo Núñez-Lagos pero un leve contratiempo de última hora se lo impidió. Durante el viaje Nathan y yo charlamos de aves, aunque la duración del trayecto también dio para conversar de otras cosas, pero casi siempre relacionadas: la conservación, el estado de las carreteras del estado, la forma de conducir de algunos…


Llegamos a Alcázar a eso de las 8 y nos metemos en una cafetería para desayunar. Ya es de día y el cielo está despejado. Poco antes de llegar le comento a Nathan la observación por mi parte de varias avefrías y cogujadas comunes. Suena mi móvil, es Luis preguntando dónde estamos y le respondo. Se le ponen los dientes largos pero al parecer Ramón y Honorio establecieron la prioridad de acercarse al humedal de La Veguilla. Acordamos reunirnos en la laguna salina del Camino de Villafranca ya que la de La Veguilla está seca, una lástima ya que Nathan no la conocía y yo previamente le había informado acerca de su habitual interés. Nathan tiene previsto volver allí en mejor ocasión. Salimos de la cafetería y observamos una tórtola turca y una escultura ecuestre de Don Quijote y Sancho Panza hecha de latón.

Porrón pardo (Aythya nyroca), macho adulto en plumaje de eclipse

Nos reunimos por fin todos y tras saludarnos y darnos novedades de la avifauna presente me vuelve a sonar el móvil. Se trata de Gonzalo preguntando qué tal nos va. Le vacilo diciéndole que hemos hallado un bando de 17 correlimos de Temminck; ¡qué más quisiera yo!. Parece que todo marcha mejor para él. Para nosotros, como diría un facultativo, situación estacionaria. En la laguna observamos un par de aguiluchos laguneros, chorlitejos patinegros, chicos y al menos un grande.

Malvasia cabeciblanca ((Oxyura leucocephala), hembra adulta mudando.


Foto de Ramón Lacruz

Nos vuelan unos tarros blancos y observamos un nutrido bando de flamencos comunes, puede que en torno al centenar, que nos muestran su flamígero plumaje y sus cuellos y patas extendidas. Nos llama la atención el desplazamiento de varias cigüeñas blancas en vuelo bajo y un gran bando de palomas bravías cimarronas que se alimentan de grano en un campo próximo. Cerca de las palomas aparece una cautelosa liebre. En la laguna patos cuchara, algún que otro azulón, zampullines chico y cuellinegro, algunas cigüeñuelas y avocetas y mantenemos un ligero debate sobre la identificación de una limícola lejana que resultó ser un juvenil de combatiente. Menos debate suscita la observación de un joven alcaudón común posado en un arbusto. Pasan aviones zapadores, estorninos negros, grajillas y varias gangas emitiendo en vuelo su característico gang, gang. Una gaviota reidora de segundo año calendario se posa en la orilla próxima y apreciamos su plumaje, medio gris, medio pardusco. Alguna que otra urraca merodea por los tarajes. Observamos una abubilla, tal vez dos y oímos abejarucos. Alguna focha joven y de vez en cuando alguna paloma torcaz, malvasía y una garza real.

Porrón pardo (Aythya nyroca) juvenil o hembra

Foto de Ramón Lacruz

Tras permanecer en la laguna una hora u hora y media (uno pierde las referencias cuando está tan embelesado con los amigos viendo aves y entre chanzas), nos dirigimos a los Charcones de Miguel Esteban, en la provincia de Toledo. Nathan me cuenta que al parecer algunos investigadores llegaron a la conclusión, por la descripción que se da en el Quijote de sus caminos y lugares, que este era el pueblo originario de Don Alonso Quijano, que además queda próximo al pueblo de El Toboso.

Zampullin chico (Tachybaptus ruficollis) adulto mudando.

Zampullin chico (Tachybaptus ruficollis) con plumaje reproductor.

Los charcones son una reserva en la que la SEO tuvo que ver en su día, pues junto al municipio se acordó el mantenimiento de dicho humedal. Este se hallaba muy bien de volumen de agua, aparte de por las propias surgencias, por los aportes del ayuntamiento. Llegamos y aparcamos los dos coches. Nos metemos en el primer observatorio y nos deleitamos con jóvenes y adultos de focha común, zampullín chico, polla de agua, malvasías, porrones europeos, golondrinas comunes. De repente algo inesperado, un joven porrón pardo nos pasa a nado por delante de nuestras narices. Al rato pasó un macho en plumaje de eclipse distinguible por su iris pálido. Ramón consigue fotografiarlo. También hicieron fotos Honorio y Luis. Y al poco, un ánade friso del que se percata hábilmente Nathan por su espejuelo blanco. Nathan, cual buen rapacero, comenta haber visto un águila calzada y un aguilucho cenizo.


Gallineta común (Gallinula chloropus) juvenil. Foto de Ramón Lacruz

Y poco más tarde su agudeza visual le permite alertarnos de la presencia en vuelo de un águila pescadora. Saltan las alarmas y súbitamente todos nuestros ojos y prismáticos se dirigen hacia la rapaz. Va alta y poco a poco se aleja. Nosotros también abandonamos el primer observatorio para seguir caminando y recorrer el perímetro del humedal.

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Escolopendra (Scolopendra cingulata) vista por Honorio, Ramón y Luis

Hay bastantes libélulas y mariposas. En el siguiente mirador observamos una garza real junto a un tubo colector de cemento. También una veintena de garcillas bueyeras y cuatro flamencos. Un papamoscas gris se posa en la punta alta de una rama seca; por un momento disfruto viéndole con mi telescopio. Alguien dice haber visto un mirlo común volando fugazmente desde las cercanas viñas hasta la laguna. Al rato vemos de nuevo al águila pescadora, concluimos que debe andar sedimentada por la zona en su periplo migratorio. Al mirarla nos percatamos de la presencia de varios vencejos, que vuelan altísimos y nos resulta imposible identificarlos específicamente. Por varias ocasiones nos pareció escuchar al rascón. De regreso hacia los coches Honorio ve en el camino una rana aplastada y seca. Entre los tarayes nos salen varios mosquiteros musicales y ruiseñores comunes. También suenan chasquidos rasposos que me recuerdan a currucas, carriceros y zarceros, pero se ocultan entre la tupida vegetación impidiéndonos verlos.

Focha común (Fulica atra)

Focha común (Fulica atra) juvenil

Finalmente decidimos dar por zanjada la jornada ornítica no sin antes entrar en un bar para tomarnos unas refrescantes cervezas y arreglar un poco este maltrecho mundo mediante la palabra. Nos despedimos los ocupantes de sendos coches conjurándonos para una próxima cita. La mañana nos ha sido relativamente fructífera teniendo en cuenta la época del año y la escasez de limícolas, objetivo principal del viaje.

CARLOS SANCHEZ

jueves, 2 de septiembre de 2010

EL PARDO

Buitre negro (Aegypius monachus) Foto de Esteban Duran

Esta mañana nos hemos reunido a las ocho y media en El Pardo Luis Cabrejas, Javier Ortega, Esteban Durán, Nacho Velázquez, Nathan Socorro, Gonzalo Núñez-Lagos y Carlos Sánchez para observar aves Shocked y lo que se terciara. A decir verdad el balance lo podemos considerar satisfactorio teniendo en cuenta la época del año. La lista de especies detectadas (espero que complementéis esta sucinta crónica) han sido: jilguero, verderón, verdecillo, ruiseñor bastardo, cernícalo vulgar, buitres leonado y negro, agateador común, urraca, golondrinas común y dáurica, avión común, estornino negro, grajilla, polla de agua, palomas bravía y torcaz, mirlo común, pinzón vulgar, carbonero común, curruca capirotada, ánade azulón, alcaudón común, papamoscas cerrojillo, mito, ratonero común, gaviota sombría, tarro canelo, vencejo (común, según Javier Ortega), cigüeña negra, garceta común, abubilla, abejaruco, águila imperial, herrerillo capuchino, gorriones común y molinero, cotorra argentina, pico picapinos y rabilargo. Otras especies que creo que alguien más ha visto pero yo no han sido el somormujo lavanco, el carricero común, tal vez el águila calzada, el herrerillo común, el mosquitero musical y la oropéndola. De pelo gamo y jabalí.

Águila imperial (Aquila adalberti) Foto de Esteban Duran

Otras cosillas interesantes que vimos fueron un grupillo de ciervas con algún cervato, y un par de escarabajos peloteros con sendas pelotas de boñiga de caballo, preparados los bichos (o preparadas, porque creo que son las hembras las que hacen la bola) para dejar una puesta dentro de tan "acojedora cuna". La dáurica la vimos con una mariposa capturada en el pico, que tuvo ocasión de escapar de semejante muerte, pero, cual hombre, tropezó dos veces sobre la misma piedra; piedra que la llevó directamente al buche de la golondrina.


Especialmente significar el avistamiento de la cigüeña negra, primero en el embalse vadeando en la orilla y luego en vuelo sobre nuestras cabezas; así como las excelentes vistas regaladas por un adulto de águila imperial voceando.

Cigueña negra (Ciconia nigra) Foto de Luis

Yo no terminé mi día pajaril con las cervecitas. Lo mío es ya algo un poco enfermizo, pero, bendita enfermedad!! Me subí al miradero del restaurante del Faro. Estuve por allí un rato, y para mi sorpresa, los carboneros, mitos, herrerillos y compañía seguían bastante activos por entre las encinas. Tanto es así que dejé un poco de lado a mis añoradas rapaces, y me lie a ver avecillas durante un buen rato. Salieron, como especies nuevas en el día, la totovía (un grupete majo, con unos diez individuos); una curruca carrasqueña, que cazó y dio buena cuenta de una procesionaria (no la oruga sino la mariposa adulta) que debió encontrar un poco despistadilla, dados los hábitos nocturnos del insecto; un mosquitero papialbo; por lo menos un mosquitero, a mi parecer, musical, con todo el pecho y vientre blancos, pero con una ceja muy marcada, unas patitas rosadas paduscas, y un dorso y alas más bien pardos grisáceos sin rastros verde-amarillentos (tan típicos éstos del papialbo); escuché un par de mochuelos comunes maullando, que me hicieron centrar de nuevo mi atención al cielo, en busca de rapaces volando bajo (cuando los azores anidaban en el pinar, azor que pasaba por los chaparros de los estrígidos, azor que era recibido a grito limpio, sin importar la hora, por los mochuelos); posteriormente vi salir de su posadero diurno a un mochuelillo, que se adentró al encinar cerrado para proseguir con sus quehaceres. Por último, me despidió el picamaderos real (para evitar cachondeitos...) con su relincho; "hasta luego amigo" le podía haber respuesto. De rapaces, pude observar al macho de cernícalo vulgar volando por el retamar (me preocupa el no ver a la hembra, que últimamente no se asoma). También acudieron a la cita una parejita de culebreras, y se me olvidaba; dos calzadas; una más o menos lejillos (como la posible que vimos por la mañana), y otra incuestionable de morfo claro.
Finalizamos la jornada matinal a la sombra de unos árboles en Mingorrubio tomándonos unas cervezas frías gracias a la siempre generosidad y gentileza de Luis. Aquí, entre chascarrillos y chanzas, disponemos la organización de una próxima excursión a La Mancha húmeda ahora que está en marcha la migración activa de limícolas y otras acuáticas.

Carlos Sanchez y Nathan